ICARO: de la
mitología griega a la seguridad aeronáutica.
Introducción
Algunas narraciones de la mitología griega han trascendido su esfera de
ficción para
mezclarse tenuamente con circunstancias y hechos reales que tuvieron lugar
siglos mas tarde. Uno de ellos es el caso de Icaro, héroe mitológico, del que
hacemos un resumen para refrescar la memoria de los eventuales lectores.
Icaro alado
Nos hemos deleitado leyendo en historietas -y viendo en el cine- las
aventuras del moderno Superman, el hombre
capaz de surcar el espacio por sus propios medios. Icaro fue un impensado
antecesor virtual en la proeza como pionero del vuelo humano.
Segun la mitología griega un artista e inventor llamado Dédalo se fue de
Atenas con su hijo Icaro para trabajar en la isla de Creta en la corte del rey
Minos. Un día la reina Pasiphae le encomendó el proyecto de construir una vaca
hueca de madera, trabajo que Dédalo cumplió a la perfección. Curiosamente
Pasiphae utilizó la vaca para introducirse adentro de ella y tener relaciones
íntimas con un toro blanco enviado por Poseidón. De esas relaciones nació el
Minotauro, terrible criatura mitad hombre mitad toro que comía a las personas,
prefiriendo alimentarse de las mas jóvenes. A instancias de Minos Dédalo
construyó el Laberinto para encerrar al monstruoso Minotauro ya que nadie podía
dominarlo. Pero vino el héroe Teseo desde Grecia con el único propósito de
matar al Minotauro. Pudo hacerlo con la ayuda de Dédalo. Sin embargo, cumplida
su tarea, Teseo regresó a su país llevándose a la hermosa hija de Minos la
princesa Ariadne de quien se había enamorado. Enfurecido con Dédalo por todo
lo acontecido el rey Minos lo mando encerrar en el Laberinto junto con Icaro.
Desde ese momento Dédalo pensó como escaparse de Creta donde su vida y la
de Icaro corrían peligro de muerte. Como Creta era una isla controlada
totalmente por Minos llegó a la conclusión de que la única salida viable era
hacerlo por aire. Agudizando su ingenio construyó alas con plumas de pájaros y
unidas con cera a sus brazos y espaldas. Hizo lo mismo para Icaro. Una vez
comprobada la eficiencia del invento decidió que estaban listos para emprender
la huída desde Creta.
Antes de partir Dédalo impartió a Icaro sus instrucciones finales
recomendando que no volara tan alto porque el calor del sol podría derretir la
cera, ni tan bajo porque el salpicado de las olas podía humedecer las plumas y
cualquier desprendimiento de las alas significaría una muerte segura.
Ambos pudieron despegar y volar exitosamente hacia la libertad. El joven
Icaro pronto se sintió maravillado del hermoso mundo que veía a sus pies. Tan
absorto estaba con el multicolor espectaculo de la naturaleza que olvidó las
sabias recomendaciones de su padre. Fué elevándose cada vez mas hasta que la
cera se derritió, las plumas se desprendieron e Icaro -ya carente de sustentación-
cayó al mar terminando de esa forma su vida.
El túnel del tiempo
Partiendo desde ese episodio mitológico hasta el presente pasaron muchas
cosas, entre ellas que los hombres se transformaron en modernos Icaros volando
no ya con alas de cera y plumas sino con empleo de aviones veloces y
confortables. Algo sin embargo no varió desde Icaro hasta nuestros días: la
posibilidad de una pérdida de sustentación por causas variadas y la
posibilidad de una caída. El paracaídas fué el remedio que llegó para
subsanar esa contingencia. Hubiera salvado a Icaro, pero entonces no existía.
Hasta ahora el paracaídas se usa
para aeronavegantes y algunas cargas de tipo aerolanzables, típicamente de
empleo castrense. También como práctica deportiva y otras tareas específicas.
Seguridad divino tesoro
En Octubre del 2002 Lionel Morrison, arquitecto de Dallas, mientras volaba
en un avion Cirrus SR22, en un giro notó que no podia dominar su avión y vió
con desesperación que el aleron del ala izquierda se había salido de su lugar
y estaba colgando del ala. Con empleo de sus dos manos y de toda su fuerza trató
de mantener el avión nivelado y bajo control, pero estaba claro que así era
imposible continuar. Era un problema insoluble, terminal. Afortunadamente ese
Cirrus tenía un recurso hasta ahora nunca empleado en una emergencia real.
Inmediatamente de apagado el motor y accionando el mecanismo apropiado Morrison
escuchó el estampido de un cohete que desprendió un paracaidas sujeto al
fuselaje del Cirrus. Con alivio comprobó que ahora avión y piloto descendían
sustentado por el paracaídas. Aunque al llegar a tierra las alas se apoyaron en
árboles Morrison salió ileso de la emergencia.
Este primer acontecimiento en la industria de la aviación ayudó a disipar
las dudas y críticas iniciales al sistema fabricado por Balistic Recovery
System. que ayudó también a salvar la vida de mas de 150 pilotos de aviones
ultralivianos. El sistema fué certificado para empleo opcional en aviones
Cessna 172, 152 y 150.
Cirrus aconseja usar el sistema solo como último recurso, en caso de
colisiones, pérdida total de control en vuelo, graves fallas mecánicas,
descompostura imcapacitante del piloto, u otra situación insolucionable capaz
de causar pérdidas de vidas. Aun en las mejores condiciones posibles pueden
sobrevenir momentos críticos, es la filosofía sostenida por los directivos de
la empresa. Hay mas de 500 aviones Cirrus volando en los Estados Unidos.
En la misma semana de la emergencia comentada sucedió otra similar. Albert
Kolk volaba un Cirrus SR20 en British Columbia de noche y a 11.500 pies. El
avion habia consumido todo el combustible del tanque de un ala y ese
desnivelamiento de peso lo hacía inestable. Sobrevino una severa turbulencia y
el avion quedó fuera del control del piloto, se tornó ingobernable. Como
ultimo recurso Kolk accionó el mecanismo desplegador del paracaídas. El avión
descendió sobre terreno desparejo con piloto y 3 pasajeros sanos y salvos que
luego fueron recogidos por un helicóptero.
Posteriormente sucedió una tercera emergencia a Jeffrey Ippoliti que luego
de decolar en Fort Lauderdale, Florida, encontró problemas en el tubo Pitot y
sistemas electricos de su SR22 al entrar a baja altura en condiciones de vuelo
instrumental. El sistema de paracaidas accionado respondió bien y el piloto
resultó ileso. Según los entendidos el sistema está funcionando
satisfactoriamente, de acuerdo a lo previsto
Comentario
Ingresamos a una experiencia nueva en materia de salvamentos en emergencias
como las señaladas de aviones livianos y ultralivianos. Este sistema no es
aplicable a los aviones grandes pero seguramente los constructores estarán
pensado -como lo hizo Dédalo- de encontrar una solución ingeniosa y razonable
a un problema planteado. Pasa lo mismo en la navegación marítima. Por ejemplo
en algunos submarinos modernos de los cuales puede desprenderse una sección y
emerger a superficie en caso de que el sumergible quede varado en el fondo del
océano. Hasta este momento la alternativa era que los tripulantes quedaran en
una trampa mortal.
Roberto Eustaquio